martes, 26 de mayo de 2009

Feuerbach: "El hombre es lo que come"

Sí, efectivamente, suscribo las palabras de Feuerbach: "El hombre es lo que come" (Der Mensch ist was er isst). La frase, conocida y popularizada, de hecho, se la debemos a él. Conocido es también el materialismo antropológico que define la obra y pensamiento de Ludwig Feuerbach. Ahora bien, para mi sorpresa, me he encontrado recientemente con más de un "intelectual" que pretende deducir de esta y otras máximas feuerbachianas, así como de algunas de sus úlitmas obras, cierta interpretación mecanicista de la filosofía de Feuerbach.
"¡Doctos señores!" -les pregunto yo- "¿Se han molestado Ud. en leer a Feuerbach? ¿O acaso se han limitado a elucubraciones y entelequias propias de esa filosofía y modo de pensar que tanto denostaba el propio Feuerbach?"
En primer lugar, no hay lugar, no es posible -¡soberana traición al pensamiento de Feuerbach!-querer ver en el filósofo de Brückberg contenido mecanicista alguno. Él mismo se opuso, de hecho, con fuerza y vehemencia, al mecanicismo francés del siglo XVIII. Por otro lado, tampoco el materialismo de Feuerbach es reduccionista. De hecho, Feuerbach polemizó con Friedrich Dorguth (defensor de un mecanicismo que reducía el pensamiento a meras funciones cerebrales) expresándose en los siguientes términos. Y cito:

"¿Cómo puede el hombre llegar a concebir la materia, cómo puede llamar cuerpo a su cuerpo, si él no fuese más que cuerpo? No es posible que exista el concepto de materia allí donde únicamente hay materia. Si el pensamiento fuese... una manfestación de la materia..., entnces sería imposible fijar como objeto el cuerpo, la materia, pensarla y nombrarla como materia: porque no nos diferenciaríamos de ella... La materia sólo se conoce en contraposición con el espíritu. La materia sólo existe para n ser diferente de la materia, más exactamente, para un ser que se diferencia a sí mismo de la misma, como la oscuridad sólo existe para el que ve y no para el ciego"(Gesammelte Werke, II, 140)
No sólo eso, en una carta al propio Dorguth, fechada en Noviembre de 1838, le dice Feuerbach:
"No es su materialismo lo que no me agrada, sino que su falso, su impuro, su... autocontradictorio materialismo es lo que no puedo comprender... El materialismo es simplemente poder pensar la materia no como una ley, sino sólo como ser. Cuando Ud. dice: la materia piensa, siente, eso no quiere decir otra cosa que la materia es actividad, es origen, es esencia autosuficiente" (Gesammelte Werke, XVII, 346).
En consecuencia: materialismo sí, pero un materialismo que, por lo demás, tiene que ser mediatizado por el concepto de "Sensualidad" (Sinnlichkeit) tal y como el propio Feuerbach lo entendía. A saber: unión de cuerpo y alma, de espíritu y materia. Pero vayamos un poco más lejos, descartado ya el carácter reduccionista del materialismo feuerbachiano. ¿Cuál es el significado, alcance, de esa máxima que presentaba al principio, de que "el hombre es lo que come"? Pues bien, antes de abordar las propias palabras de Feuerbach, me remito previamente a las de Antonio Gramsci al respecto:
"La afirmación de Feuerbach: "el hombre es lo que come", tomada en sí, puede ser interpretada diversamente. Interpretación mezquina y tonta: el hombre, en cada oportunidad, es lo que materialmente come, esto es, las comidas tienen una inmediata influencia determinante sobre el modo de pensar. Recordadla afirmación de Amadeo de que si se supiese lo que un hombre ha comido antes de un discurso, por ejemplo, se estaría en mejores condiciones de interpretar el discurso mismo. Afirmación infantil y, de hecho, extraña a la ciencia positiva, puesto que el cerebro no se nutre de habas y de trufas, dado que los alimentos consiguen reconstruir las moléculas del cerebro al ser transformados en sustancias homogéneas y asimilables, que tienen la "misma naturaleza" potencial de las moléculas cerebrales. Si la referida afirmación fuese verdadera, la historia tendría su matriz determinante en la cocina y las revoluciones coincidirían con los cambios radicales en la alimentación de las masas. Lo contrario es históricamente cierto: las revoluciones y el complejo desarrollo histórico han modificado la alimentación y creado los "gustos" sucesivos en la elección de los alimentos. No es la siembra regular del trigo lo que ha hecho cesar el nomadismo, sino, al contrario, las condiciones que se oponían al nomadismo han conducido a las siembras regulares". (El materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Ed. Nueva visión, 1973, p. 36)

Claro está, Gramsci está anticipando, en la línea de su peculiar marxismo, una interpretación de Feuerbach que pretende conducir a esa antropología marxiana -y por lo demás, cierta- que considera al hombre como producto de las relaciones sociales. Así, sigue el propio Gramsci:

"(...) es cierto que el el hombre es lo que come en cuanto la alimentación es una de las expresiones de las relaciones sociales en su conjunto, y cada grupo social tiene su alimentación fundamental; pero al mismo tiempo puede decirse que "el hombre es su vestimenta", "el hombre es su hogar", "el hombre es su particular modo de reproducirse, es decir, su familia"; dado que la alimentación, la vestimenta, la casa, la reproducción, son elementos de la vida social en los cuales, del modo más evidente y amplio (es decir, masivo) se manifiesta el complejo de las relaciones sociales" (Gramsci, 1973:37)
Ahora bien, Feuerbach, no era, le pese a quien le pese, un comunista en el sentido habitual de la palabra. La sentencia de Feuerbach no puede -¡no debe!- leerse ni en el sentido de un materialismo reduccionista -¡mucho menos mecanicita!- ni en el de un materialismo histórico. El misterio queda, pues, aún sin resolver: ¿Qué quería decir Feuerbach con esa afirmación tan provocativa y polémica?
Como no quiero alargarme en el post, dejo la respuesta -al menos la que yo doy, claro está- para la semana que viene. Mientras tanto, os animo a debatir aquí al respecto.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Monty Python: Philosophical Soccer Match

Sólo a unos genios como a ellos se les pudo haber ocurrido semejante sketch. ¡Disfrutadlo!

martes, 19 de mayo de 2009

Teoría Feminista (IV): "Sistema sexo/género"

Tras distinguir entre feminismo y teoría feminista, periodizar las etapas en su desarrollo siguiendo a Celia Amorós, y ver el concepto de Patriarcado moderno desde la perspectiva de Carol Pateman, el post de hoy se centrará en una de las concepciones más relevantes de la teoría feminista: el sistema sexo/género.

El concepto filosófico de género (del inglés gender) fue acuñado como tal en los años `70, es decir, durante lo que hemos denominado como "tercera ola" del feminismo. Hace referencia al constructo social que se realiza sobre la base biológica del sexo, de forma tal que hemos de distinguir entre los términos hombre/mujer (género social), y los de varón/fémina (sexo biológico). Y aunque el castellano, y otras lenguas latinas ya permitían esta distinción mediante los términos de "diferencia sexual" y "diferencia de sexos", el concepto de género ha acabado por resultarnos incluso más común que la terminología original de nuestros idiomas.
En cualquier caso, hemos de preguntarnos en qué radica la potencialidad y la buena acogida del concepto de género y del sistema sexo/género elaborado a partir de éste. En un principio, tal concepto se manifiesta como un muy útil instrumento para la crítica, subversión y deconstrucción de la racionalidad patriarcal, en la medida en que permite poner de relieve lo contingente de un determinado concepto (el patriarcal) de “lo femenino”, y de la Mujer naturalizada a la que se le asignan unos roles que, en realidad, no responden más que a una construcción social. Por tanto, la herramienta teórica del sistema sexo/género posibilitaba, en cierta medida, mostrar cómo la subordinación y opresión de las mujeres se debe a tal construcción social y no natural ni biológica.

Sin embargo, como herramienta para la deconstrucción del patriarcado el sistema sexo/género pronto mostraría sus limitaciones, si bien fue capaz de facilitar el acceso de las mujeres al derecho al voto y otros reconocimientos civiles. De hecho, el recurso constante a una construcción social levantada sobre el esquema de la distinción biológica de sexos varón/fémina acaba por naturalizar y esencializar, una vez más, lo que es ser mujer, pues no se entiende por qué el género construido femenino, en toda cultura, resulta siempre sometido y desigual. Se nos presenta, por tanto, el siguiente problema: si el sexo es sólo biológico, entonces se tiene que explicar por qué el género femenino en toda época y lugar es y ha sido dominado; y si no es sólo biológico, sino que supone también una jerarquía de valores, entonces depende a su vez de la construcción del género, con lo que éste vuelve a esencializarse y naturalizarse, problematizándose la subversión del patriarcado.
En este sentido, Linda Nicholson se muestra crítica con aquellos planteamientos basados en el sistema sexo/género –en tanto que reconocen la independencia entre ambos- y que a su vez consideran que la identidad sexual es una construcción social que, al mismo tiempo, constituye un hecho común a todas las culturas. Pues con ello resulta imposible no retornar a la naturalización de los géneros de la que se nutre el patriarcado. Es lo que la autora denomina como fundacionalismo biológico. Y cito:

"En el caso de la distinción masculino/femenino, consiste en pensar que las distinciones elementales de la Naturaleza se manifiestan en la identidad sexual, un conjunto de criterios comunes a las diversas culturas para distinguir al hombre de la mujer. El fundacionalismo biológico y la concepción de la identidad sexual como perchero constituyen un obstáculo para la auténtica comprensión de las diferencias entre las mujeres, entre los hombres y entre quienes se consideran una cosa u otra". [1]

Obviamente, la explicación de este recurso al denominado “fundacionalismo biológico” (que se diferencia claramente del determinismo biológico en la medida en que reconoce el papel de la construcción social) radica en la necesidad de explicar por qué el patriarcado se ha constituido –y constituye- como un sistema de dominación universal. Para Nicholson el problema radica en que con esta concepción se vuelve a esencializar la condición de “mujer” y “hombre” aduciendo explicaciones, en último término, biológicas. Y tanto el feminismo de la igualdad como el de la diferencia se encuentran abiertos a la crítica que Nicholson dirige contra los límites del sistema sexo/género.

El feminismo de la igualdad, en la medida en que considera el sistema sexo/género como herramienta fundamental para poner de manifiesto lo contingente de la construcción social del género, es incapaz de dar razones de las causas del universalismo del patriarcado. Y el feminismo de la diferencia, aunque pueda resultar atractivo por la crítica que realiza a la tendencia social a quitarle importancia al género y por la defensa que hace de las semejanzas de las mujeres y sus diferencias con los hombres, olvida sin embargo las muchas divergencias que existen entre las propias mujeres dado lo diverso de sus realidades sociales, culturales, étnicas, religiosas, etc. Inevitablemente, el feminismo de la diferencia acaba apelando, así, a una “naturaleza" de las mujeres que genera semejanzas en la clasificación de los seres humanos en distintas culturas y en el comportamiento de los demás con los así clasificados; es decir, acaba reflejando los principios del fundacionalismo biológico.

A pesar de todo, Nicholson es consciente de que si perdemos la categoría “mujer” se problematiza enormemente la posibilidad de desarrollar políticas de empoderamiento para la subversión del patriarcado. Pues para conseguirlo, resulta necesario poder definir un marco y un núcleo común que incluya al conjunto de las mujeres, pero, eso sí, siempre desde un punto de vista inclusivo que considere las diferencias múltiples que se dan dentro de esa categoría amplia de “mujer”. Por tanto, más que de fundar las políticas de empoderamiento desde un concepto de mujer como tal, fundado biológicamente, se trataría de abrir y adecuar tal concepto a las realidades diversas de cada uno de los contextos concretos.
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[1] Nicholson, Linda: “La interpretación del concepto de género”, en S. Tubert (ed.), Del sexo al género, Cátedra, Universitat de València, 2003, p. 51.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Münster en video





domingo, 10 de mayo de 2009

Jaime Gil de Biedma

Una vez más, quiero compartir con vosotros uno de mis poemas favoritos. Se trata de Contra Jaime Gil de Biedma, del propio Gil de Biedma (1929-1990). Además, os dejo el enlace a un estupendo análisis del poema facilitado por David G. Barreto, en su blog Diálogo de gentiles. No sólo eso, aquí podéis también oir el poema recitado por el propio autor, que dice así:


De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

¡Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

jueves, 7 de mayo de 2009

Bienvenidos a Münster

Como ya había anunciado, y aprovechando que voy a estar en Münster (Alemania) durante una temporada, aprovecho este espacio para ir contándoos algunas curiosidades sobre la ciudad. Así, si bien no puedo tener aquí a un montón de gente que echo de menos, por lo menos puedo ir acercándoos la ciudad y compartirla con vosotros ;) Sirva el post de hoy como "introducción" a lo que Münster tiene que ofrecer...
Lo primero que llama la atención a cualquier persona nueva en la ciudad es algo, sin embargo, muy común en la zona: ¡bicicletas por todos lados! (no en vano la ciudad está realmente cerca de Holanda...). Tanto estudiantes como hombres de negocios con sus trajes oscuros, todos se desplazan por la ciudad sobre dos ruedas. Esta primera impresión caracteriza, ciertamente, a Münster: la ciudad misma está en constante movimiento y es precisamente esta interacción entre cambio y tradición la que hace del hogar de la "Paz de Westfalia" un lugar especial.
Efectivamente, fue precisamente aquí, en esta ciudad, donde se firmó el tratado que daría fin a la angustiosa Guerra de los Treinta Años. Münster, por tanto, es inseparable del histórico tratado de paz firmado en 1648. La historia misma trae consigo responsabilidades -por decirlo de algún modo- y podría afirmarse que Münster, en consecuencia, siente la responsabilidad por el presente y el futuro en el desarrollo de nuevos "instrumentos" para avitar o solventar los conflictos y para asegurar la paz en zonas de crisis en el mundo actual. Es una ciudad (léase, sus habitantes), en este sentido, absolutamente concienciada al respecto.

Por otra parte, el arte y la cultura juegan también un papel central en Münster: por ejemplo, el LWL Museo Estatal de Artes e Historia Cultural, el Museo de Pablo Picasso, el Museo de Arte Gráfico y el Espacio de Exhibiciones de Arte Contemporáneo -y muchos más. Cada diez años la muestra Skulpture Projekte despliega distintas formas de arte en todos sus espacios públicos, atrayendo a un sin fín de artistas y amantes del arte de todo el mundo a la ciudad de Münster.

¿Qué más? Münster no puede quejarse de falta de proyección internacional. La Universidad de Münster (Westfälische Wilhelms-Universität), la tercera más grande de Alemania, tiene estudiantes procedentes de en torno 100 países distintos. Politécnicas, Academias privadas e Institutos de Investigación transfieren muy satisfactoriamente su conocimiento procedente del mundo académico en la vida práctica en gran variedad de disciplinas. Por ejemplo, y como curiosidad al respecto, Münster ha alcanzado un renombre internacional en el desarrollo de la ciencia médica y en nanotecnología.

Y hablando del carácter internacional de la ciudad... la comida regional de la zona disfruta de una reputación especial por ser particularmente "sustancial". Ahora bien, si alguien es un poco aprensivo con la idea de que todo lo que va a comer durante su visita a la ciudad es pan integral de centeno y grasa de cerdo (si será verdad que los alemanes no saben comer... ¬¬), no tiene por qué preocuparse (o eso dicen ellos). No, en serio. La verdad es que si alguien decide comer fuera se encuentra una gran variedad de ofertas de comida internacional. El gran número de bares y restaurantes que hay por todas partes (eso sí, no bares como los de España... ), hacen difícil la elección. Y más, si tenemos en cuenta que eso de la "comida basura" en Alemania no triunfa mucho, así que no busquéis en Münster esas famosas franquicias estadounidenses de hamburguesas y bocadillos (¡¡Pecado comerse una hamburguesa de Mc... o Burguer... en Alemania!! ¬¬). Y bueno, la gran variedad de oferta culinaria también es válida para el caso de la vida nocturna de la ciudad: tanto en la ciudad vieja -el centro- como en los nuevos locales de la periferia, es difícil aburrirse saliendo de fiesta por la noche ;)

Y bueno, para finalizar por hoy, decir que también para los excursionistas y la gente amante del aire fresco, Münster tiene diversidad de ofertas. En medio de la ciudad, rodeando el casco antiguo, el río Promenade y el lago Aa son perfectos para dar largos paseos o ir a correr. De hecho -dice la gente de aquí-, Münster no es sólo la ciudad alemana donde más ciclistas urbanos hay, sino también la "Primera Ciudad de Corredores (tal y como la califica la revista internacional Runner's World -si es que hay revistas para todo... U_U). Pero no sólo la ciudad, sino también el paraje circundante (Münsterland) ofrece oportunidades para interesantes excursiones, bien a pie, en bote o, como no, en bicicleta...

martes, 5 de mayo de 2009

La "Sociedad", o la instauración de la propiedad.

El primero que, habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir: esto es mío, y encontró gentes lo bastante simples para creerlo, ése fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores no habría evitado al género humano aquel que, arrancando las estacas o allanando el cerco, hubiese gritado a sus semejantes: “guardaos de escuchar a este impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra no es de nadie!”
(J. J ROUSSEAU, Discours sur l'origine et les fondements
de l'inegalité parmi les hommes)
Así, de cualquier modo que se consideren las cosas, el derecho de esclavitud es nulo, no sólo porque es ilegítimo, sino porque es absurdo y no significa nada. Las palabras “esclavitud” y “derecho” son contradictorias y se excluyen mutuamente. El siguiente discurso será siempre igual de insensato, sea dirigido por un hombre a otro, o por un hombre a un pueblo: “Hago contigo un convenio en perjuicio tuyo y en beneficio mío, que respetaré mientras me plazca y que tú acatarás mientras me parezca bien.”
Hay que distinguir claramente la libertad natural, que no tiene más límites que las fuerzas del individuo, de la libertad civil, que está limitada por la voluntad general, así como la posesión, que no es más que el efecto de la fuerza o el derecho del primer ocupante, de la propiedad, que no puede fundamentarse más que en un título positivo […], el trabajo y el cultivo, único signo de propiedad que, a falta de títulos jurídicos, debe ser respetado por los demás.
En efecto, conceder a la necesidad y al trabajo el derecho de primer ocupante, ¿no es otorgarle la amplitud máxima que puede tener? ¿Es factible no poner límites a este derecho? ¿Será suficiente con poner los pies en un terreno común para pretender convertirse en su dueño?
El acto positivo que hace a un hombre propietario de algún bien le excluye de los restantes. Establecida su parte, debe contentarse con ella, y no tiene ya ningún derecho sobre los bienes comunes.
El derecho que tiene cada particular sobre su bien está siempre subordinado al derecho que tiene la comunidad sobre todos, sin lo cual no habría ni solidez en el vínculo social ni fuerza real en el ejercicio de la soberanía.
(J. J. ROUSSEAU, Du contrat social ou principes du droit politique)

jueves, 16 de abril de 2009

Teoría Feminista (III): "El patriarcado moderno"

En la serie de posts dedicados hasta el momento a cuestiones de teoría feminista, he intentado, en primer lugar, distinguir entre ésta -como reflexión filosófica- y feminismo -como movimiento social. Así mismo, he intentado periodizar lo que es el desarrollo de la teoría feminista haciendo hincapié, sobre todo, en las dos corrientes principales que se han ido desarrollando al respecto: feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia. Así las cosas, la entrada de hoy la voy a dedicar a un concepto clave en el desarrollo de la teoría feminista: el concepto de patriarcado.

El patriarcado, como forma de universal de poder y de subordinación de las mujeres, es un concepto central que adquiere gran importancia en la reflexión que la crítica feminista realiza a partir de los años ’70. Así, la teoría feminista intentará, en primer lugar, mostrar y evidenciar cómo multitud de prácticas y facetas de toda sociedad emanan de la estructura de poder patriarcal; estructura que se constituye en una amplia red, sutil y perfectamente trazada, que mantiene y reproduce las relaciones de dominación que en su seno se establecen.
En cualquier caso, lo que nos interesa ahora es, más bien, la génesis del patriarcado moderno y su vinculación con el contractualismo liberal. De hecho, para Carol Pateman el origen del derecho político radica, ante todo, en un contrato sexual que intenta legitimar el derecho patriarcal o sexual de dominación de los hombres sobre las mujeres. Por tanto, lo que Pateman denomina "contrato original" no es sino una reproducción del poder patriarcal bajo la forma de un contrato social edificado sobre los cimientos de un contrato paralelo de subyugación y dominación, más que de libertad; un contrato, pues, que pretende regular el acceso sexual a las mujeres por parte de los hombres, al ser ellos los únicos que lo firman. Sólo los hombres (varones) se reconocen entre ellos fraternalmente como libres e iguales mediante el contrato social; las mujeres, por su parte, ajenas a este reconocimiento, siguen subyugadas al poder patriarcal originario bajo la forma del contrato matrimonial, pues ellas mismas, sin ser consideradas sujetos del contrato, constituyen el objeto del mismo.

Cabe preguntarse cuál es la causa de esta exclusión de las mujeres del contrato original, la cual la encontramos en el recurso del estado de naturaleza. Desde este constructo, gran parte de los teóricos contractualistas (me refiero, obviamente, a los del siglo XVII -no en vano, hablo del "patriarcado moderno") consideran que las mujeres no han nacido libres ni tienen libertad natural por carecer de los atributos que ellos asumen como propios de los “individuos”, pues gran parte de estos teóricos afirman que la diferencia sexual natural es causa de diferencias sustanciales en la racionalidad. Este recurso a la diferencia sexual convertida en desigualdad y supeditación de las mujeres se refleja, por tanto, no sólo en el contrato original, sino en todas las formas de derecho pretendidamente legitimadas a partir de él, con lo que la estructura patriarcal consigue consolidarse mediante estrategias de subordinación y dominación en todas las esferas de la sociedad. Por ello, no es de extrañar que Pateman vea en todas las relaciones jurídico-legales, justificadas como réplicas del contrato original, una reproducción cada vez más compleja del sistema patriarcal.

Por otra parte, aunque la tradición liberal ha querido ver en el concepto de sociedad civil un orden social postpatriarcal, lo cierto es que el patriarcado ha sabido integrar esta nueva noción para reafirmar el derecho sexual como subordinación y dominación de las mujeres: si en un principio lo característico de la sociedad civil es la separación que ésta realiza entre dos formas diferentes de sociación (la esfera pública y la esfera privada), en último término se acaba identificando “civil” únicamente con lo público, quedando lo privado relegado a un segundo plano, e incluso obviado. Y ello se debe a la necesidad que tiene el poder patriarcal de incluir el pacto matrimonial (como forma de derecho sexual sobre la mujer) dentro de la sociedad civil. Recordemos que el concepto de “civil” se opone a “natural”, y que sólo los varones fueron quienes se reconocieron como firmantes del contrato social que les permitía salir del estado de naturaleza. Así, sólo ellos podían entrar en la categoría de lo civil, mientras que las mujeres, excluidas de dicho contrato, se mantenían en lo natural. Sin embargo, esa necesidad de incluir el matrimonio dentro del contrato originario para mantener la estructura de dominación patriarcal es la que posibilita, en última instancia, que la Mujer, “lo natural”, ajena en principio al pacto social, acabe entrando a formar parte de la sociedad civil. Ahora bien, maticemos: sólo dentro de esa esfera privada que acabará quedando relegada a un segundo plano con respecto de la esfera pública, reservada a los hombres, siendo presupuesto fundamental que “la separación patriarcal de la esfera privada/natural del reino público/civil es irrelevante para la vida política” (Pateman: El contrato sexual).
Pero en la medida en que existe un subtexto genérico en la oposición público/privado, y considerando que sólo lo público recibe, finalmente, carta política, parece demostrado que, independientemente del lugar que ocupe la mujer (dentro o fuera de lo “civil”), ésta siempre acaba subordinada y dominada por un poder patriarcal que sabe reproducirse.
Será por ello tarea del feminismo y de la teoría feminista el explicitar y desvelar las estructuras patriarcales y el proporcionar mecanismos de subversión...

miércoles, 15 de abril de 2009

Desde Alemania con amor

Pues sí... Al final, como quien no quiere la cosa, ha pasado ya mes y medio desde que publiqué la última entrada. El tiempo no corre en vano, dicen, y cuando uno está absorto en una infinidad de cosas -no todas importantes, para qué engañarnos- parece que el tiempo corre sin darnos cuenta. Y claro, las consecuencias ya se ven.
Pero bueno, hecho el propósito de enmienda, intentaré no sólo actualizar más amenudo el blog sino, también, mantenerme más informado del mundo blogosférico. De momento, la entrada de hoy la voy a dedicar sólo a contar cuestiones más o menos intrascendentes y a hacer un recorrido por mis experiencias últimas (ya, en alguna ocasión, hablé del necesario exhibicionismo impúdico, y sí, de eso se trata aquí, al fin y al cabo).

Para mantener informada a la audiencia, desde hace dos semanas y media tengo la suerte de estar en la ciudad de Münster, donde estoy llevando a cabo una -esperemos- fructífera estancia de investigación de 6 meses. Los preparativos del viaje y las innumerables cuestiones del trabajo que parecían acumularse a última hora, en una especie de complot, son, en parte, cuasa de la demora en dejarme pasar por estos lares. Pero bueno, una vez todo solventado, aquí me teneis en Alemania.
Como decía, llegué el día de uno de Abril después de un viaje que se me hizo interminable: 10 horas, por culpa de la maldita escala de 7 horas que me tuve que comer en Palma de Mallorca. Y sí, podría haber ajustado mejor los horarios (eso sí, vuelos directos desde Valencia no hay), aunque qué queréis que os diga: la cuestión pecuniaria era importante xD
Una vez ya aquí, en Münster, tenía una habitación en una Wohnheim (una especie de residencia), pero taaaaan lejos de la ciudad que me entró la depresión (y además sin posibilidad de tener acceso a Internet -una causa más para el retraso en actualizar el blog :P). Además, la gente de la residencia era demasiado antisocial. Mirad que intenté hablar con la gente, pero nada, todo el mundo muy muy independiente y a sus cosas. Así que empecé la busqueda de una WG-Zimmer (un habitación en un piso compartido). Así por lo menos los compañeros de piso no podrían huir y tendría alguien a quien taladrar xDD.
Parece mentira, pero para ser Münster una ciudad universitaria (el 60% de su población son estudiantes), lo de encontrar piso no ha estado nada fácil. Afortunadamente, el Lunes pasado dí con uno céntrico, bien situado, con gente maja y agradable y con Internet. Así que nada, por eso me tenéis por aquí otra vez. No os agobiaré contándoos cosas del trabajo, las reuniones con el profesorado del departamento de filosofía de aquí y demás cosas aburridas, así que, en lugar de eso, ya os iré contando cosas interesantes y curiosas de la ciudad.

Por lo demás, dejo ya aquí de escribir y os envío un saludo a todos. En especial a Dona Rebel.lada (haz extensible el saludo a los demás, porfa!).

viernes, 27 de febrero de 2009

Sobre Feuerbach

(Hier, auf Deutsch)
Este post es la respuesta a la pregunta de Joseph sobre la importancia de Feuerbach en el seno de la Historia de la Filosofía.

La pregunta por el puesto de Ludwig Feuerbach en el seno de la discusión filosófica contemporánea se deja contestar, sin duda, con "nimiedad". El hecho es, qué papel debería desempeñar un pensador que se ha ocupado de forma excelente del Idealismo especulativo en un época que ha traído consigo, tras de sí, su culminación -en sentido hegeliano. De hecho, y en cierta manera, la facticidad histórica permanece inalterada desde entonces, no sólo respecto a la suposición filosófica de un Espíritu Absoluto absoluto rector de la Historia (cuestión a parte, la naturaleza de ese "espíritu", ya sea inmanente -la propia humanidad- o trascendente), sino también respecto a la suposición de que la Historia crea una conciencia colectiva. En otras palabras: en la misma medida en que la disolución teórica de la relación dialéctica del Ser y de la Conciencia era aplazada en el terreno filosófico del que somos herederos, seguía en vigencia, sin embargo, el poder histórico de esa relación dialéctica, situándose a la inquisidora humanidad en una realidad descompuesta en la que ni siquiera –a pesar de la promesa de Hegel- han permanecido los "conceptos". En definitiva, el proyecto histórico-filosófico de Hegel se ha concluido históricamente, sin que por ello la originada pregunta por la unidad de la realidad humana haya podido ser resuelta. La polémica en torno a esta cuestión, que en el pensamiento de Feuerbach ocupa un lugar central, puede crear, sin embargo, ese espacio teórico-cognitivo dentro del cual la “carrera tormentosa de la Historia” sea detenida para la constitución de una concepción futura sobre la Realidad.

La crítica radical de Feuerbach a Hegel proyecta sus sombras aún ante nuestra época. Anterior a Marx y Engels, quienes han prestado poca atención al peligro de las consecuencias de la determinación de finalidades y objetivos en el seno de la construcción teórica, la crítica de Feuerbach a la realidad conceptual hegeliana señala inmediatamente a la posición problemática de la descompuesta sociedad civil/burgesa. Su proceso de disgregación, en definitiva, puede ser caracterizado por su estructura conceptual abstraida de la realidad. La cual se debe, precisamente, a la propia organización burguesa/civil en términos hegelianos, en la que deja al margen cualquier concepción de "realidad sensible".
La conciencia burguesa se implica en pensamientos abstractos, lo cual extermina los detalles sensibles y, a decir verdad, de forma tan irrevocable que el “sentido común”, en su función intersubjetiva –es decir, ordenar y organizar la inmediata ejecución práctica en planteamientos de la razón sensible-, es arrojado fuera del camino de la razón. La teoría se hace de este modo inaplicable al acontecer humano, pues su método de abstracción se independiza de los objetos sensibles, los cuales, perdidos, no los vuelve a recuperar. De este modo, la teoría debe reformularse para poder incluir en su seno a estos objetos sensibles en la praxis, los cuales podrían, por sí solos, desempeñar el momento unificador de la teoría bajo demostración y constatación. En este sentido, la crítica de Feuerbach al pensamiento abstracto no es menos actual que en los tiempos en que el hegelianismo se encontraba en auge, pues el problema planteado por un pensamiento que hace caso omiso al "Ser" sensible -el cual, en lugar de lo vaticinado, nos proporciona, bajo requisitos constitutivos, un hogar libre gracias la retirada del concepto reificado de realidad- se halla quizás más distante de su solución de lo que estaba entonces...